Hoy, los católicos celebramos el acontecimiento maravilloso por medio del cual hemos sido reconciliados con nuestro Padre. Celebramos triunfo de Jesús sobre la muerte, que nos anuncia con palabras y obras, el amor y su Pasión por la vida.
Monseñor Eduardo Cervantes Merino recordó en su homilía del Domingo de Resurrección, que toda la vida de nuestra Iglesia y nuestro caminar como discípulos del Señor se construye y tiene sentido a la luz de la Vida Nueva que nos ha traído con su Resurrección.
Él ilumina las tinieblas de la vida de todos los seres humanos en el dolor, el sufrimiento, las penas y oscuridad en la que a veces nos encontramos por diferentes situaciones de la vida personal o comunitaria, a veces dolorosa en la familia, en las relaciones humanas, en todo lo que nos impide disfrutar de la vida.
Como bautizados tenemos el compromiso de llevar la alegría de anunciar que la muerte no tiene la última palabra, que estamos llamados a creer y conocer la verdad; a no dejarnos engañar, a ser críticos, analíticos en los asuntos personales, sociales, económicos, políticos, educativos.
“No podemos seguir llevando las cosas como están, si no es con los valores que nos da la luz de Cristo, particularmente con las enseñanzas del Evangelio hoy en el caminar de nuestra Iglesia Católica”, resaltó.
Nos recordó que estamos llamados a trabajar en la familia, en la educación, valores y principios cristianos para ser responsables en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Si queremos que el mundo cambie tenemos que empezar por llenarnos de la luz de Cristo.