Monseñor Eduardo Cervantes Merino animó a ver la muerte del Señor Jesús como un acontecimiento conmovedor, pero también transformador de la historia humana; a que contemplemos al Señor, pues su dolor está presente en la humanidad y lo hemos vivido durante un año, en todo el mundo.

Tras bendecir los ramos, antes de presidir la Eucaristía para dar inicio a la Semana Santa, resaltó que ese sufrimiento es especialmente fuerte, doloroso con las personas cercanas, en la enfermedad, en la muerte; también en los hospitales, en la falta de trabajo en nuestro país, ante situaciones irresponsables de poder hacer menos fuerte el dolor, y la crisis y el dolor que ha sido grande, en medio de todo esto está el sufrimiento de Cristo.

“El dolor de Jesús permanece y, nos toca hoy estar cerca, como las mujeres, como José de Arimatea, para tender la mano; como lo han estado muchos en los hospitales, en los servicios; los médicos, los familiares, los sacerdotes, religiosas que han hecho lo suyo”

Abundó que más de un sacerdote de la Diócesis se enfermó precisamente en la atención a nuestros hermanos enfermos de Covid, como muchos tantos, porque “vamos en la misma barca, somos el mismo pueblo, vamos caminando juntos; discretos, pero estamos en el camino compartiendo el dolor, el sufrimiento del Viacrucis, de las organizaciones que pudiendo organizar mejor las cosas, alargan y cansan; el dolor de Jesús presente todavía en la pandemia y sus secuelas en la economía, la pobreza, la violencia, la manipulación ideológica”.

Destacó la importancia de las mujeres, que como en la pasión y muerte de Jesús permanecieron atentas al Señor, aunque aparecen desapercibidas. “Como las mamás en el arco de la vida de los hijos, como están en la vida matrimonial la esposa y las hijas; como están las amigas, atentas a lo que se necesita en la vida familiar, en la vida de grupos, en la época de pandemia; en las escuelas, en las parroquias, en la catequesis, en los ministros de atención a los enfermos; en las labores de quienes andan buscando a sus hijos rascando, porque desaparecieron y no les dan soluciones para encontrarlos, ahí están las mujeres”.

La traición al Señor Jesús sigue vigente hoy, señaló, y sigue llevando a muchos inocentes a la muerte. El modo de manejar decisiones en consultas, como las de Pilato, que no ayudan, que no abonan, y sí destruyen; “el abandono de Jesús en la cruz es el grito de los marginados, de los tristes, de los enfermos; sin embargo, el Señor está ahí. Les animo a que veamos esta pasión del Señor entre nosotros y que con mucha esperanza vivamos estos días para contemplar también su culmen y plenitud, la Resurrección del Señor”.