Jesús nos llama en diferentes responsabilidades en la vida de la Iglesia, con diferentes vocaciones y servicios. Nos anima a no perder de vista que en el centro de la existencia que da sentido, sabor y vida al cristiano está saber que el amor de Dios se nos ha manifestado en Cristo.

Al celebrar la Eucaristía del Vl Domingo de Pascua, Monseñor Eduardo Cervantes Merino nos recordó que Cristo nos ama de manera personal y nos pide permanecer en su amor, en la oración, en la alegría de vivir, en una relación sana y positiva con las personas que nos rodean, construyendo un mundo más justo y fraterno, valorando y respetando al que está a nuestro lado.

Permanecer en su amor se concreta en la familia, en los amigos, a pesar de las dificultades, en el centro de trabajo, en la vida parroquial. “Dice Jesús que la clave para hacerlo es guardando sus mandamientos; el principal de ellos: Que se amen los unos a los otros”, y poco a poco nos iremos pareciendo a Él.

“Ojalá que se nos peguen los dichos de Jesús, el tonito de Jesús, las actitudes de Jesús, la vida cristiana va por ahí, un caminar permanente, alegre; no son cargas pesadas el amor de Dios, es aprender a tener ese amor que se lo quieres corresponder, hazlo amando a tus hermanos. El único camino para llegar a Dios es pasando por el prójimo”, afirmó el obispo.