A partir del próximo 20 de septiembre se abrirían las celebraciones eucarísticas a la feligresía en los templos de la Diócesis de Orizaba paulatinamente, dio a conocer el Obispo Eduardo Cervantes Merino.
Destacó que éstas serán con un 25 por ciento de la capacidad de cada templo y los participantes deberán respetar el protocolo que estableció la autoridad sanitaria para evitar el contagio, como lo han venido haciendo en todos los templos.
De tal forma que, al ingresar, se mide la temperatura y se recomienda como prioritario el uso de cubrebocas, gel antibacterial y mantener la sana distancia; además de que todos los templos tienen tapetes desinfectantes de calzado y señalizados los accesos de entrada y salida, así como marcados en las bancas los lugares que se deben ocupar.
Cada parroquia tiene un equipo de laicos que previamente se capacitó para orientar a los asistentes y verificar que cumplan con las recomendaciones, pues es por su propia salud.
El semáforo epidemiológico cambió a amarillo y con ello se abre la posibilidad para que se reanuden algunas actividades que se suspendieron por el alto riesgo del contagio. Aunque éste persiste pues aún se mantiene activo el virus, las celebraciones se reanudarán poco a poco tendrán que ser breves pero solemnes y sin canto.
Para las celebraciones de sacramentos se establecerán protocolos más rigurosos para evitar las aglomeraciones como llega a suceder en los bautizos. La recomendación a los sacerdotes es que éste se realice en pequeños grupos si es comunitario, aunque se realicen dos celebraciones al día. Estos comenzarían a realizarse de manera paulatina a finales de octubre
Para los demás sacramentos de formación cristiana como lo son la Confirmación y Primera Comunión se preparan protocolos especiales y comenzarían a llevarse a cabo a finales de noviembre y diciembre. Todos ellos si lo permite el desarrollo epidemiológico de la pandemia y de acuerdo a la realidad de cada uno de los seis Decanatos.
Hay que recordar que en la Diócesis de Orizaba no se cerraron los templos a los fieles, se mantuvieron abiertos a la oración, siempre cumpliendo con las medidas higiénicas que exige la crisis sanitaria; las que se realizaron a puerta cerrada fueron las Eucaristías a partir de que el semáforo cambió a rojo