El Obispo de Orizaba Eduardo Cervantes llamó a rezar por la ciudad sede de la Diócesis, Orizaba, que ha sido lastimada por la violencia por la que hubo pérdida de vidas humanas.
“Recemos por la seguridad en toda nuestra Diócesis y todo el estado, porque está muy complicado; sobre todo ahora con los acontecimientos que lastimaron a la ciudad, pidamos por los hermanos que fallecieron, y porque volvamos otra vez a la paz y tranquilidad”, pronunció al finalizar la misa dominical que preside en la Catedral de San Miguel Arcángel.
Dijo que se siente orgulloso de vivir en Orizaba, pues es una ciudad que, aun en medio de muchas limitaciones y situaciones propias de lo urbano sus habitantes luchan porque esté ordenada, limpia.
Pidió no dejarse llevar por algún otro conflicto más allá de la seguridad, que Dios ilumine a las autoridades para que todo salga bien y que entre todos procuremos la paz y el bienestar.
“Si no queremos más violencia vamos a educar a la familia en la paz, si queremos paz y tranquilidad vamos a ser más fuertes en la educación en familia, hablar de paz, de bienestar, es decir, las cosas cambian si cambia nuestro corazón”.
Oró también para que los ciudadanos tengan mucha luz para escoger a las autoridades. algunas, enfatizó, han hecho muy bien el trabajo y lo siguen haciendo bien, en Orizaba y sin duda en otros municipios de la Diócesis, “pero eso se hace con la colaboración de todos”.
Agregó: “Dios siga iluminando a nuestro municipio, a las autoridades de Orizaba para que encuentren la ruta del bienestar y la paz y, que todos nos sintamos seguros y contentos en nuestra ciudad, en el pueblo, en la comunidad donde vivamos porque la paz es construcción de todos”, y que en situaciones como las que pasaron esta semana el Señor nos conceda la alegría de la paz, pues a un municipio que hace bien el trabajo vale la pena respaldarlo.
Al referirse al Día del Amor y la Amistad, que celebra el calendario civil, invitó a orar también por los amigos, para que tengamos actitud fraterna y valoremos la amistad que nos hace crecer, que nos hace personas sensibles y que nuestro corazón no sea estrecho.
“Necesitamos un corazón grande para amar, y que la amistad nos haga crecer como personas, que el matrimonio sea el primer amor, amistad, confianza y diálogo; así la familia se va extendiendo”, concluyó.