Pbro. Javier Yael Cebada Tejeda
Lic. Teología Dogmática

¿De qué está hecho el mexicano hoy? ¿Se ha formado, informado, transformado o deformado o es una mezcla de todo un poco, a propósito de la cultura del buffet? ¿Se define a sí mismo o lo definen fuera de sí mismo? ¿Decide o “lo deciden”?  ¡Escuchemos con atención las voces que hablan del aborto! Ahí podremos dar sentido a la VIDA, y subir a una balanza y probarnos a nosotros mismos. ¿Qué ha pasado con la vida como valor primero en el edificio de valores humanos? ¿A quién corresponde infundir este valor, cultivarlo, protegerlo, fortalecerlo y hasta defenderlo?

Si seguimos pregonando que más del 80% de la población mexicana es católica (pues hay ciento veinte millones de mexicanos), ¿de qué preocuparse entonces? Se entiende que somos discípulos misioneros del dueño y Señor de la Vida, que seguimos su ideal y que lo reconocemos como Camino, Verdad y Vida. Si en esto estamos formados y convencidos, cualquier ley que se imponga en contra de los principios cristianos no tendrá peso en el católico mexicano. ¿O será que la realidad de nuestros fieles es otra?

Una ley humana no puede sobornar la conciencia, pues a pesar de tener la tentación a flor de piel, podría no haber aduana legal ante el tema de la vida… Tampoco se trata de cruzar los brazos y aprobar aquello con lo que el sentir de la mayoría, quizá, no esté de acuerdo. No pretende ser ésta una declaración de rendimiento, es decir, que aprueben todo tipo de leyes, total al cristiano católico no lo moverán de sus convicciones. Las leyes deben salvaguardar la vida no sólo por cuestiones de fe sino por cuestiones de respeto a la misma especie

Lo que está sucediendo en nuestro país es muy interesante y más retador para el cristiano del siglo XXI. Ante una sociedad plural parece que nuestros recursos entre cristianos dejan mucho qué desear, por ejemplo, ¿le estaremos dando al clavo con solo colectar firmas, con promover marchas, con invitar a ponernos cintos de tal o cual color? ¿Qué parte del engranaje debe atenderse con urgencia al formar un cristiano hoy? ¿Qué reto tienen hoy quien es papá, la que es mamá, el que gobierna para el bien común, el que ha consagrado su vida al servicio al Reino de la Vida, y todo aquel que se dice bautizado y confirmado en la fe de Cristo, el que comulga el Pan de Vida? ¿Qué asignatura en la formación permanente del cristiano está faltando?

La cultura de la muerte se ha metido como la humedad y se ha instalado en el corazón de muchos bautizados, dándonos como resultado fieles “de chile y de dulce” en su práctica cristiana. No sólo tenemos el problema del aborto, también el maltrato físico y psíquico en infantes, el comercio sexual desde temprana edad, la muerte “digna” o despiadada en nuestros ancianos, el peso de los casi cincuenta mil muertos en esta pandemia…

Sin más, la cultura de muerte atraviesa toda la arteria de la vida humana. Y si como Iglesia, Pueblo de Dios, no nos implicamos, desde el hogar y en todas las instancias de formación, en el valor y respeto por la vida en todas sus etapas, seguiremos pagando dolorosas consecuencias. Hay algo más grave y serio que tenemos que enfrentar: estar jugando a despenalizar los terrenos de Dios.