Orizaba.-  Este quinto domingo de Cuaresma, nos anima el Señor a mirar hacia la Pascua, la plenitud de salvación, de liberación del pecado y sentirnos amados y perdonados. Siendo conscientes de nuestros pecados y asumiendo las debilidades como personas, en la recta final de este tiempo de conversión somos llamados a no juzgar ni condenar a nadie, sino antes mirar nuestra vida.

Monseñor Eduardo Cervantes Merino, al celebrar la Eucaristía, fijó la idea de que el amor es lo que da sentido a todas las demás leyes y, a pesar del pecado, nuestro Señor siempre tiene una nueva oportunidad, ese es ejemplo de su misericordia. El Señor reprueba el pecado, pero no desprecia al pecador, sino que quiere que se arrepienta y viva.

El Obispo refirió que en medio de una vida de pecado, el Señor siempre nos ofrecerá más oportunidades de hacer cosas buenas que malas, brinda la esperanza de mirar hacia adelante con esperanza en lugar de cargar con el pasado que oprime y no permite entrar en el perdón.

Esos silencios de Jesús en nuestra vida llaman a la reflexión antes que estar atentos a la vida o errores de los demás, Jesús se inclina para que los cristianos recapaciten sobre sus propias debilidades.

El Obispo insistió en reconocer las debilidades del pecado y ponerse delante del Señor para liberarse del pecado por medio de la confesión; así se podrá recapacitar y llegar libres de esclavitudes a la Pascua celebrando la vida nueva en Cristo.

Matilde De los Santos Parada

Buena Noticia