Orizaba.- El vivir como verdaderos cristianos se trata de vivir de acuerdo a lo que Dios ha hecho primero con nosotros: si Él es misericordioso, nosotros en respuesta debemos ser misericordiosos; si Él nos abre los brazos sin distinción, nosotros debemos hacer lo mismo; y si Él está dispuesto a perdonar, nosotros debemos hacer lo mismo.

Lo anterior lo refirió el Vocero Diocesano, Helkyn Enríquez Báez, quien, a la luz del Evangelio de este domingo, resalta el cambiar la manera de vivir ya que “algunos cristianos viven con el criterio de la “meritocracia”, es decir, yo hago méritos para alcanzar la salvación”, lo que declara que no es así, puesto que la salvación y la misericordia de Dios es una gracia, un regalo.

“Es equívoco pensar que acumulando puntos de vida espiritual pueden alcanzar más la gracia de Dios. Y no se trata de eso la vida cristiana”.

Al contrario, declara que no es por méritos o puntos la vida cristiana, sino por correspondencia a lo que Dios ha hecho primero por nosotros.

De ahí que, la Parábola de este domingo, la del Hijo Pródigo, nos recuerda los dones que tiene el Padre para nosotros, pero también los compromisos que nosotros tenemos con Él.

La misericordia de Dios, descrita a través de la parábola del Hijo Pródigo, donde los distintos elementos que conforman esta parábola magistral de San Lucas describen las diversas actitudes del ser humano, sea el que está lejos de Dios o el que se encuentra cerca de Él, y la actitud de Dios para con ambos”.

Explicada la parábola de este domingo por el Vocero Diocesano, rescata dos actitudes del ser humano, en primer lugar, el hijo menor que refleja la rebeldía, el capricho, el libertinaje o el mal uso de la libertad de algunos seres humanos que pide la herencia y pasa por una vida disoluta y, cuando no le queda nada, se acuerda del padre que representa a Dios y el padre sin cuestionarlo ni condenarlo, lo abraza, le reintegra su dignidad.

“Recuerda la oportunidad que Dios da a todos su hijos de volver a Él, a la Iglesia, de volver con un corazón sincero, arrepentido y cuando se tiene la intención de cambio”.

Y en segunda, el hijo mayor refleja a los que piensan que están cerca de Dios o que son buenas personas, pero que también en algunos momentos tiene un corazón soberbio cuando ven la bondad y misericordia de Dios se enfadan, se encelan y hasta le reclaman a Dios.