María, mamá del Adviento, del tiempo de espera activa, alegre; una joven madre que, en la oración, en la acción y en el cumplimiento de sus responsabilidades cotidianas vive, nos anima a la esperanza, recordó Monseñor Eduardo Cervantes Merino al celebrar el Cuarto Domingo de Adviento.
Señaló que estamos invitados como seguidores de Jesús, en todos los ámbitos de la vida, a contemplar a María como Madre de la escucha y tomados de su mano aprendamos a tener espacios de silencio en el ajetreo, en las preocupaciones, sin dejar nuestras responsabilidades hagamos espacio para la oración, para la escucha de la Palabra.
“Necesitamos momentos de silencio, apagar el ruido externo y el ruido interno que tenemos, hacer silencio para darle espacio a la Palabra de Dios, es lo que María nos enseña”, pues a partir de la escucha de la Palabra es que María respondió a Dios, resaltó.
Vale la pena la escucha, darle espacio, un oasis de paz a la vida para escuchar lo que Dios nos pide, a lo que nos anima, a lo que nos llena de esperanza, gozo y alegría.
“María en esa actitud de Adviento, así como nos anima a estar atentos a la Palabra, nos anima a caminar, a salir de nuestras comodidades, a ser una Iglesia en salida, a tener actitud de encuentro”, dijo.