El hombre ha experimentado desde siempre, la necesidad de ir más allá de la vida que parece terminarse con la muerte: la vida eterna; aunque a la inmensa mayoría de las personas de hoy no les inquieta.

Ocupados con la vida diaria, atrapados por las cosas inmediatas, por tantas que es urgente hacer y llevar al día no hay tiempo para hacerse esa pregunta, a menos que la enfermedad los aqueja o cuando alguien cercano muere.

Hoy Jesús, dice el padre Martín González Castillo, Párroco de nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, Ixtaczoquitlán, nos recuerda que la vida eterna es tener un tesoro en el cielo, que llene de sentido esta vida.

¿Qué tengo que hacer para ser feliz?, para que mi vida valga realmente la pena: la respuesta habitual es: estudiar para tener un buen empleo, ser competitivo, poder comprar un coche o tener una casa; en el mundo afectivo: tener una pareja, una familia, cuidar la salud, tener buen aspecto exterior, hacer lo que me gusta, ser buena persona, tener principios éticos y alguna práctica religiosa.

Todas estas juntas responden al deseo de felicidad que tenemos, pero no la garantizan, porque son frágiles, la economía, la familia, la salud, las personas con que caminamos cada día, porque algún día pueden faltarnos.

Para ser feliz y entrar al reino de los cielos primero debemos atender los mandamientos referidos con los semejantes, no es fácil cumplirlos, pero la mayoría los cumple suficientemente.

El punto de partida para entrar al reino es: vende, dale, sigue; evitemos ponernos en el centro de todo y pongamos a Dios en el centro de nuestra vida. Veamos a los que sufren, sigamos a Jesús y pongamos en el centro de nuestras inquietudes y preocupaciones la de los demás y que Jesús sea nuestro único tesoro.