Con la celebración de la Santa Eucaristía de este Jueves Santo, los cristianos recordamos que la Cena del Señor quedó como memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección. Así se abre el Triduo Pascual, que instituye también a los ministros que presiden en su nombre ese sacrificio perdurable.
Monseñor Eduardo Cervantes Merino, al presidir la Eucaristía en catedral, recordó que pueden participar de la Cena del Señor, sus discípulos, sus seguidores; pero también los que están dispuestos desde el hogar, desde los diferentes servicios de la sociedad a trabajar y entregarse para hacer un mundo más fraterno, más hermano, más marcado por el amor y la caridad.
El padre, la madre de familia, los abuelos y tíos que con palabras, gestos y acciones construyen valores y principios en la familia; quienes trabajan con honradez y perseverancia para hacer el bien; quienes en su vida profesional no solo buscan el beneficio personal, ni económico por el trabajo que hacen, que es bien merecido; sino que aparte lo hacen con amor y entrega.
“Cada quien, en el empleo, en la labor que sabe hacer construye un mundo de hermanos si lo hace con amor”, resaltó. Ese amor crece cuando el discípulo da de su tiempo y junto con otros se reúnen para hacer un proyecto y atender sin esperar nada a cambio en tantas organizaciones de servicio, asociaciones civiles en las que vemos el deseo de servir y hacer el bien, desde la Cruz Roja hasta las que protegen a los migrantes, aquellas que son parte de la Iglesia y también las que no lo son, “ahí está el amor de Dios”.
La Santa Misa, cuya característica principal es el lavatorio de pies, con el que Jesús da muestra de Caridad fraterna, se realizó sin ese signo por no permitirlo la emergencia sanitaria que prevalece.
Durante la Misa el Obispo recibió el Santo Crisma que se unge a los niños y adultos que son bautizados y confirmados, así como los sacerdotes que son ordenados para que experimenten el don de la gracia del Espíritu Santo. También recibió el óleo de los catecúmenos y de la unción de enfermos.
Estos signos son para significar la santidad de la Iglesia que brota de la Pascua del Señor.