Los discípulos de Cristo estamos llamados a la vida, la cuidamos, la defendemos; proclamamos que es un don maravilloso de Cristo y, nosotros, que la hemos encontrado manifiesta plenamente en Él, nos acogemos y nos dejamos llevar por el padre de Dios que es el viñador y cuida la viña, cuida la vid.Monseñor Eduardo Cervantes Merino, en su homilía en este Quinto Domingo de Pascua resaltó que en estos días no podemos ser indiferentes, tenemos que estar atentos, como personas y discípulos de Jesús de modo personal y comunitario, si nos da vida el campo de la política.“Los que se proponen ¿realmente es gente que da vida?, que promueve la dignidad de la persona, el desarrollo integral, busca el bien común, la unidad, el trabajo; ¿quiere el bienestar, el desarrollo integral? o quiere dar muerte y aparenta que da vida, pero saca beneficios individualistas”, cuestiona. Por sus frutos se conocerán. Los cristianos estamos llamados a dar fruto bueno, en el campo de la política, de la economía, de la educación, en la catequesis. ¿Cómo ha ido nuestra catequesis?, solamente nos quedamos con información, con datos que nos hablan de Dios, de la Iglesia, de los sacramentos, o ¿de veras la catequesis que damos en las parroquias producen vida?, mi familia, ¿la relación entre los amigos produce vida? o nos van llevando a cierto tipo de comportamientos que en el fondo nos van matando; poco a poco matan ilusiones, proyectos, cualidades.Dijo que hay ciertas cosas, que lejos de producir vida nos van produciendo tristeza y dolor alrededor de nosotros, como la violencia, la inseguridad e incluso la misma falta de cuidado hacia la naturaleza.Como el que se observa en las faldas del Pico de Orizaba, donde es triste ver la situación y la condición de los depredadores de los bosques. “Ninguna atención ni nada para los talamontes. La promoción para que la gente se anime a cuidar su bosque no la hay; ¿qué producimos?, esto es responsabilidad de todos”, afirma.Finalmente, el Obispo Eduardo Cervantes nos recordó que tenemos por delante, en nuestra vida cotidiana, todo un manto en el que Jesús nos dice “yo soy la Vid verdadera, ustedes son los sarmientos”. Animó a que unidos nos dejemos guiar por el Padre bueno para dar frutos de vida, que son frutos de la Resurrección del Señor, “y que hoy, entre tantas situaciones dolorosas que vivimos, los cristianos demos frutos de vida. Solos no podemos, todo es con Jesús a quién estamos unidos por el bautismo”.