Este tiempo, dice Monseñor Eduardo Cervantes Merino, es propicio para configurar nuestra vida con el Señor Jesús. La fe nos invita a acoger la Verdad y ser sus testigos; la esperanza como agua viva nos permite continuar nuestro camino, y la caridad, vivida tras las huellas de Cristo mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

Pide que aún en medio del dolor y la incertidumbre que vivimos a causa de la pandemia, vayamos con Jesús al desierto cuaresmal y purifiquemos nuestra vida.

Que aprovechemos este tiempo de confinamiento, organicemos nuestro tiempo para la oración y meditación de la Palabra y compartamos palabras de esperanza, aliento y consuelo a quienes viven en la angustia y en la tristeza.

Que nuestra fe, ayuno y penitencia se traduzcan en obras de amor fraterno, solidario y misericordioso en la cooperación y comunión, superando así, la epidemia del egoísmo, envidia, indiferencia, hipocresía, descalificación, distanciamiento y confrontación.

Invita a construir relaciones fraternas y solidarias, marcadas por el perdón, la reconciliación y solidaridad.

Resalta que si de algo tenemos que contagiarnos en esta Cuaresma, que sea de fe, esperanza y amor.