“Estamos llamados a trabajar en la apertura de los ojos de la fe, a vivir el proceso de fe que te permita ver: la familia, lo bueno, lo malo, tener objetividad, ver tu Iglesia, tu comunidad, tu mundo social, económico educativo; ver tu persona porque a veces estamos tan ciegos que no vemos lo que Dios quiere para nuestro bien y el de los demás”.
Monseñor Eduardo Cervantes Merino, al presidir la Eucaristía en la iglesia madre, dijo que la oración cristiana no es solo decir cosas, sino escuchar lo que Dios quiere de nosotros.
Hoy estamos llamados a pedir al Señor que nos abra los ojos: “Señor, que vea, purifica mis ojos para tener una fe, un encuentro contigo para ver las cosas como son; que las vea con alegría, optimismo y esperanza; para ver los males de mi alrededor, para ver incluso las cosas malas que hago yo; para mirar y reconocer las fallas que tengo y superarlas; para que tenga la humildad de reparar lo que yo hago”.
Pidió que nos conceda ojos para ver la necesidad del otro, ojos capaces de mirar qué necesita la familia, la sociedad para que seamos participativos en resolver los problemas que nos aquejan: violencia e inseguridad en este mundo tan confrontado en el que mucha gente se deja llevar por no mirar claramente el engaño en que lo mete un grupo de ideología política; el de una ideología religiosa.
Con la intercesión de San Rafael Guízar y Valencia, a quien encomendó la Diócesis para seguir trabajando en los planes y proyectos de Evangelización, oró porque haya más vocaciones sacerdotales y misioneras, ya que recordó se celebra el Domingo Mundial de las Misiones.
Además de pedir que trabajemos para las misiones, recordó que la Iglesia es en salida y debemos caminar juntos siguiendo las huellas de Jesús, pero juntos.
Al término de la celebración agradeció la participación del Coro de la comunidad de Frijolillo, que está enclavada en la sierra del Pico de Orizaba y que está conformado por niñas y jovencitas.